MONASTERIO
DE PALAZUELOS
PLEITOS
Y EJECUTORIAS
(1500-1835)
Iª PARTE: ESTUDIO PRELIMINAR


FERNANDO
HERRERO SALAS
MONASTERIO
DE PALAZUELOS
PLEITOS
Y EJECUTORIAS
(1500-1835)
Iª PARTE: ESTUDIO PRELIMINAR
FERNANDO
HERRERO SALAS
© F. Herrero Salas
Valencia,
Noviembre 2008.
A MODO DE
PRÓLOGO
Una
vez estudiada la documentación existente sobre las Ejecutorias del Monasterio,
que ocupan un lugar importante en la documentación del mismo, ya que reflejan
los numerosos conflictos a que el Monasterio de Palazuelos tuvo que hacer
frente y resolver por la vía judicial, presentamos ahora un Estudio de las
mismas, sin entrar en demasiados tecnicismos. No fueron sólo pleitos de
carácter civil lo que ocupó al Monasterio, sino que tuvo otros muchos de
carácter eclesiástico, pero que sólo tratamos aquí de forma muy escueta.
Siendo una cuestión compleja toda la mecánica de los
pleitos civiles, que comienzan con un requerimiento judicial, nos adentramos en
la compleja fase judicial de sentencias y apelaciones, incumplimiento de las
Ejecutorias y nuevo pleito con su correspondiente nueva Ejecutoria,
procedimiento judicial que se tramitaba a través de la Real Chancillería de Valladolid. La temática de nuestro trabajo es
suficientemente atractiva, pero también compleja, lo cual requería un estudio
específico, que es lo que hemos pretendido hacer en esta “Primera Parte” de la
obra, después de habernos ocupado durante miles de horas en el traslado de una
documentación extensa, a veces muy difícil de descifrar, pero que ofrecíamos en
primer lugar sin dudar que la titulada como “Segunda Parte” - la de la misma
documentación judicial – era la más interesante de cara a cualquier investigación
posterior cuya relevancia para el estudio de la Historia y de la Historia del
Derecho considerábamos evidente, y que consideramos podrá ser más útil a los
investigadores especializados en esta especialidad.
Si
titulábamos la Segunda Parte, la documental: ”MONASTERIO DE PALAZUELOS.
PLEITOS Y EJECUTORIAS (1500 –1835). IIª PARTE: COLECCIÓN DOCUMENTAL” que
ocupaba tres gruesos Volúmenes, presentamos hoy la Primera Parte a la que damos
el título de “ ”MONASTERIO DE PALAZUELOS. PLEITOS Y EJECUTORIAS (1500
–1835). Iª PARTE: ESTUDIO PRELIMINAR”, esperando haber aclarado aquí las
vicisitudes históricas que dieron lugar a tantos años de conflictos, así como
algunas de las numerosas cuestiones técnicas legales que plantean las
diferentes actuaciones del procedimiento jurídico de las EJECUTORIAS, que
siguen la mecánica del proceso civil y que ofrecen diversas peculiaridades que
hacen más rico el abanico de las actuaciones.
Esperamos que nuestro trabajo pueda publicarse algún día
pues no existen, que sepamos, transcripciones de Ejecutorias, sobre todo desde
un punto de vista global y cronológico de las vicisitudes y problemática de un
señorío cualquiera embarcado en procesos civiles durante toda su historia.
Esperamos que nuestro trabajo sea un pequeño grano de arena en el estudio
sistemático de la evolución de la jurisprudencia partiendo – como debería
hacerse - del estudio concreto de los miles de Ejecutorias que aún duermen en
las estanterías de los Archivos y que requieren el trabajo generoso de muchos
estudiosos.
La dificultad de la localización de algunas de las
Ejecutorias existentes, y su dispersión en los más variopintos legajos, así
como su falta de referencia archivística concreta en muchos casos, nos llevó a
hacer una 2ª edición cuando pudimos encontrar entre las enormes filas de
Ejecutorias, alguna Ejecutoria más no contemplada en la 1ª edición. Por ello no
podemos poner tampoco punto final a nuestro trabajo, sobre todo si pretendemos
lograr una imagen más global de las implicaciones del mundo de las Ejecutorias,
estudio que probablemente extenderemos o se extiendan con las existentes, aún
por desempolvar, pertenecientes a otros señoríos o concejos, aunque son los
monasterios cercanos los que pueden ayudar acompletar los resultados hasta aquí
conseguidos, que son sólo fruto de la documentación manuscrita existente en los
Archivos referentes al Monasterio de Palazuelos. Y esto, porque esperamos
encontrar aspectos sociológicos y jurídicos nuevos que puedan enriquecer el
conocimiento histórico de los siglos XVI-XIX, junto con el tratamiento de los
aspectos económicos que hasta este momento hemos venido tratando, de forma que
alcancemos una visión globalizada convergente de los diferentes componentes que
conforman la vida de estos siglos en Castilla y que esperamos que las nuevas
aportaciones documentales, que vayan saliendo a la luz, puedan aportar.
F. Herrero Salas.
MONASTERIO
DE PALAZUELOS
PLEITOS
Y EJECUTORIAS
(1500-1820)
Iª PARTE: ESTUDIO PRELIMINAR
INTRODUCCION HISTÓRICA
I. 1. LA CRISIS RELIGIOSA Y ECONÓMICA EN EL CÍSTER EN LOS SIGLOS XIV Y
XV: LAS ENCOMIENDAS
Desde el siglo XIV, el Cister
entra en una profunda crisis espiritual y económica, como consecuencia de la
relajación de la vida monástica, la encomienda o gestión de bienes a un señor a
cambio de protección -llegan los señores a construirse sus propios panteones en
el interior de los monasterios -, y la nefasta gestión de los abades
comendatarios, que ni son monjes ni residen en el monasterio pero se aprovechan
de sus rentas. Esta situación se resolverá con la reforma del Cister hispano y
el nacimiento de la Congregación de Castilla. Así se inaugura una nueva etapa
de esplendor monacal, caracterizada por la renovación profunda de la vida
monástica, la recuperación económica y la influencia social y cultural de los
monjes.
Especialmente fue la encomienda la
fuente de males: Frente a un alto clero que ostentaba el estandarte de la
feudalización para justificar su enriquecimiento, los clérigos inferiores
vivían en pobreza e ignorancia. Mientras tanto, las caídas de rentas de las
tierras habían afectado a la vida de los monasterios, al número de frailes que
podía sustentar y admitir; sólo algunos monjes tenían dispensa de la
observancia de la regla, no respetando su condición de clausura y pudiendo
beneficiarse de un estado de cosas a río revuelto. Si a esto añadimos que las
inmensas riquezas atesoradas por los monasterios excitaron la codicia de las
familias nobles quienes acaparaban las abadías para sus vástagos y usurpaban
las tierras monasteriales casi a su antojo, tenemos un cuadro sombrío de causas
y efectos producidos en cadena desde el siglo XIV. A esto hay que añadir que
también los obispos diocesanos disputaban los privilegios y el dinero que
tenían los monasterios, mientras el Estado intenta acabar con los abadengos o
restringir su crecimiento, y las masas populares, por su parte, reaccionan en
algunos momentos contra la tutela monástica tan gravosa.
Lo cierto es que en
1338 las actas de una visita hecha en Castilla por orden del Papa a los
monasterios nos permiten conocer que todos ellos se habían visto obligados a
empeñar parte de sus tierras para cubrir gastos. El dinero estaba, pues, mal
repartido, acaparado por unos pocos.
En una Constitución de Inocencio
VI de 18 de mayo de 1355 se dice: “La experiencia ha evidenciado que los
beneficios dados en encomienda desatienden el servicio divino y la cura de
almas, no se observa en ellos el deber de la hospitalidad, los edificios se
desmoronan porque nadie atiende a su reparación y conservación y se pierden
además los derechos temporales y espirituales de los monasterios”. [1]
En 1380, durante el reinado de JUAN I en
las Cortes de Soria se declaran
ilegítimas todas las encomiendas que no fuesen las que correspondían al monarca
o a los nobles descendientes de los fundadores o las que buscaban los abades
para la protección de sus villas. Se conmina a la nobleza para que legalice sus
pretensiónes y usurpaciones.[2]
En 1380, 22 de Diciembre y
siguientes días, poco después de celebradas las Cortes de Soria, Juan I dirige
numerosas cartas a los monasterios que se habían quejado de las encomiendas a
que estaban sujetas muchas de las heredades y bienes de dichos monasterios.[3]
Los abades comendatarios con
apariencias nobles y desinteresadas, se apoderaban de los bienes de las abadías
confiadas a sus cuidados, no como administradores fieles de acuerdo con los
fines que perseguían muchos de los que daban o concedían las encomiendas, sino
como buitres que se lanzan sobre el botín. Después de haber reducido el
patrimonio de los monasterios a su mínima expresión, apenas si les dejaron algo
para no morir de hambre sus moradores. En general, se apoderaban de los 2/3 de
las rentas, dejando 1/3 para los monjes y de aquí la paradoja de que monasterios que tenían extensas propiedades,
se encontraban sumidos en la mayor de las miserias. Las iglesias se descuidaron
hasta el punto de que se les caían. En los claustros no se veían más que tres o
cuatro monjes solitarios y aburridos, sin ideal de vida monástica, que llegaban
a admitir mujeres en su compañía y se dedicaban a jugar a los bolos en el
refectorio.[4]
Pero no eran sólo los
señores laicos los culpables de las encomiendas. En el año 1400, Bonifacio VIII
inventó una gabela o imposición para ayudar a sostener la Cámara apostólica,
denominada media “Annata”, es decir, el importe de la renta de medio año del
primer año de todas las dignidades eclesiásticas y beneficios provistos por
Roma. Cada obispo, abad o beneficiado que solicitase la provisión de algún
cargo, bebía pagar a la Cámara apostólica
la mitad de los beneficios obtenidos en primer año que gozase de dicho
beneficio. Para tener una norma fija, se hizo una tasación de las rentas que
cada beneficio o prebenda producía cada año, se consignó en los libros respectivos
de la Cámara Apostólica, y conforme a esa tasación debían aportar la mitad de lo que produjera el primer año.
En aquellos tiempos correspondía a
la Sede Apostólica la provisión de las abadías
- eran los tiempos de la encomienda - y por lo tanto siempre que la casa
cambiaba de abad, o se pedían bulas o
privilegios, había que satisfacer la renta correspondiente. Así, una abadía
tasada en 50 florines o ducados de cámara, cuyo valor es de trece reales y medio
cada uno, debía pagar 553 reales.
Duró esta forma de contribución a
la Sede Apostólica hasta que los monasterios se unieron a la congregación de
Castilla. Perdiendo entonces el derecho a proveer abadías, la Cámara Apostólica
discurrió un medio de suplir esa pérdida: Habría que pagar por medio de
quindenios, es decir, una tasa a satisfacer por aquellas abadías y entidades vacantes de 15 en 15 años. Si
vacaba antes, se satisfacía en la misma forma que antes.
El período de la
encomienda fue un período crucial para la Iglesia que duro desde el XIV al XV,
y en que las principales dignidades y beneficios eran de carácter colaticio,
estando por lo general en manos de la Santa Sede que les otorgaba a quienes le
parecía. Así, muchos monasterios del Cister tuvieron superiores comendatarios
que vivían lejos del monasterio y disfrutaban de sus rentas sin preocuparse de
la vida de los monjes. Hay que tener en cuenta que 2/3 de las rentas del
monasterio iban a parar a manos del abad, quien hacía con ello lo que bien le
parecía. De muchas propiedades correspondientes a su mesa o incluso al convento
las daba en foro a cambio de rentas y de defensa del Monasterio o de las villas
que enajenaban y de esta forma algunos nobles pasaron a hacerse con gran parte
de la hacienda de los Monasterios.
El conjunto de los males que
afectaban al monacato cisterciense de la época fue resumido en una carta a los
Reyes Católicos por el abad de Piedra en 1483.[5]
El abad de Piedra pone el dedo en la llaga de los males que sufrían los
monasterios cargando las culpas sobre la encomendación por Roma de monasterios
a perpetuidad. Estos encomendados se hacían “señores y propietarios” de los
monasterios y sus bienes, y enajenaban bienes, derechos y vasallos en provecho
propio, pues se ocupaban de los propios pleitos y procuraban favores de señores
laicos y eclesiásticos, a quienes, a su vez, nombraban administradores de los
bienes. Con lo cual la encomienda por
el Papa hecha a un obispo o legado o cardenal terminaba siendo encomienda laica
también. Hay que tener en cuenta que sus bienes – la mesa abacial -
generalmente funcionaban ahora independientemente de los del convento – la mesa
conventual -. Como por otra parte, estos abades pagaban la media annata a Roma,
el sistema de abad perpetuo encomendado no podía menos que chocar con el sistema
trienal de los Reformadores quienes exigían la restitución del voto de pobreza,
la observancia de la vida comunitaria, la administración de todos los bienes
por medio del monje cillerero, y la exención del pago de annata pagada por
todos los monasterios no unidos a la Observancia. En efecto, se trata de una
cuestión de fuertes intereses económicos más que ideológicos, que habían
afectado a los Monasterios desde la muerte de Benedicto XII, quien había
respetado la elección por cada Monasterio, no había exigido annatas, y había
respetado el sistema de control del comportamiento del abad por medio del abad
del Cister que hacía de “padre” de cada abadía. El abad de Piedra en su carta a
los Reyes Católicos pone como ejemplo a los monjes reformados de la Orden de
San Benito de Valladolid “que son nuestros padres”. Propone, sin embargo, una restitución a los
abades comanditarios que accedan a la Reforma y elección por tres años, y en
definitiva accedan a su sustitución.
Pero esto les saldrá muy caro a
los Monasterios y será fuente de fuertes conflictos en casi todos ellos: En
efecto las rentas que se lleven como pensión los abades perpetuos a cambio de
su dimisión serán altísimas. Esto nos hace pensar en que el dinero fue el motor
de todos los males.
La actuación de los pontífices fue
ambigua, en todo caso. Intentaron ser árbitros en una situación muy confusa y,
desde luego, quisieron disputar la primacía de la Casa Central del Cister tan
en decadencia como el papado desde los Papas de Aviñón. El abad de Piedra se
refiere a una situación que comenzó con el papado de Aviñón que exigía como
requisito la bula papal confirmatoria de cada elección, sistema que servía para
aumentar los ingresos de la Santa Sede, aunque no se inmiscuyeron en las
elecciones abaciales propiamente dichas. A lo largo del s. XV los conventos
continuaron “suplicando” al pontífice confirmase las elección hecha. Pero el
Papado triunfante del Concilio extendió sus derechos al nombramiento efectivo
de los titulares el abadiazgo. Este sistema se agravó en tiempos del Papa Sixto
IV (1471-1484): las encomiendas hechas por este pontífice transcendían los
aspectos religiosos para afectar a la política y la economía del reino
castellano.
El Monasterio de Palazuelos no sufrió
encomiendas, pero tuvo en cambio que defenderse de los señores laicos, poderes
establecidos y otras fuerzas emergentes de manera que durante el siglo XIV
estuvo expuesto a los avatares más diversos.
Es sólo a partir de su entrada en La
Congregación de la Observancia a principios del XVI cuando pudo encauzar su
situación, y ello gracias, en gran medida, a que pronto se convertiría en la
Casa Central del Cister de Castilla y reinos asociados, lo que le daría la
fuerza suficiente para luchar por sus derechos, ya que por él pasó la clase
intelectual del Cister, donde no faltaron juristas. Creemos que eso fue uno de los factores que le movieron a
recurrir a la Justicia real en defensa de sus derechos.
I. 2. LA REVOLUCIÓN DE LOS PRECIOS EN EL SIGLO XVI
En contraste con la tendencia
regresiva del s. XV, los precios sufren en el s. XVI un tirón hacia arriba, que
los desplaza del índice 100, en 1501, al índice 412, en 1600, o sea, que en el curso de un siglo se
cuadruplicaron. Este alza la ha examinado Hamilton, quien propone la distinción
de tres grandes etapas: de 1501 a 1550, alza moderada (el índice pasaría de 33,26 a 69,05); de 1551 a 1600 (índice
137.23), alza culminante; de 1601 a
1650 (índice 143.22), estancamiento.
Es cierto que los precios siguen un tirón ininterrumpido hasta alcanzar
en 1600 la cota más alta. Pero Vicens Vives[6]
objeta que el alza de la primera mitad del siglo fuera “moderada”,
puesto que precios más altos no significan máximo aumento, y que
proporcionalmente la subida de precios
fue más elevada de 1501 – 1550 (107 por 100 de aumento) que en 1551 – 1600 (98
por 100). Los cálculos de Nadal [7]
confirman lo mismo: el aumento medio
anual de los precios fue del 2,8 por ciento de 1501 a 1562, frente a un 1,3
por ciento de 1562 a 1600.
Al máximo aumento absoluto de la segunda etapa debe contraponerse el mayor aumento relativo de la primera, que
es lo que refleja la representación a
escala semi-logarítmica de los mismos índices hamiltonianos. De lo que puede
deducirse incontrovertiblemente
que en la evolución de los precios el año 1562
representa el hito que marca el paso
a una tendencia claramente alcista (1501-1562), promedio anual de aumento: 2,8 por 100) a otra más moderada
(1562-1600), promedio anual de aumento: 1,3 por 100).
La relación entre la masa monetaria y el nivel de los precios no es
indicativa más que en economías muy primarias, como la del siglo XVI, o
como las de los países subdesarrollados de hoy en día, en que como ha indicado
Chabert el volumen de consumo va ligado estrechamente a la cantidad de moneda,
y en cambio no sería aplicable a países con grandes posibilidades monetarias,
donde no influye decisivamente sobre el
consumo global y, por consiguiente, el concepto de velocidad de circulación pierde parte de su significado. Esta teoría
hamiltoniana cuantitativa, sostenida por Hamilton, ya la habían sostenido los
economistas de la Escuela de Salamanca del siglo XVI. En 1556 Azpilcueta
enumera una serie de razones que pueden hacer cambiar el valor de la
moneda. La séptima razón que da es la de que “la moneda vale más donde y
cuando es escasa que donde es abundante”, y glosando esto, escribe: “Por
la experiencia se ve que en Francia, donde hay menos dinero que en España,
valen mucho menos el pan, el vino, los paños, y la mano de obra; y aun en
España, el tiempo que había menos dinero, por mucho menos se daban las cosas
vendibles, las manos y trabajos de los hombres, que después que las Indias
descubiertas la cubrieran de oro y
plata”. [8]
Pero hay otra objeción que oponer a Hamilton: A nivel práctico las
máximas de metal indiano se producen en la 2ª mitad del XVI, y no en la
primera, aunque también es verdad, como sugiere Elliot[9],
que la plata americana penetró en el circuito español mayormente durante la primera mitad de siglo. Estamos así ante el
dilema de dar algún peso a la
influencia monetaria sobre los precios
o de dársela toda, como quiere Hamilton.
Pero sin olvidar el factor monetario, de influencia cierta pero
indeterminada, el proceso inflacionista del reinado de Carlos I, necesita más
explicaciones: el factor del crecimiento demográfico y el gran aumento de la deuda del Estado.
Como no tenemos elementos de juicio respecto a series estadísticas sobre
cualquier aspecto de la
actividad productiva, el debate se ha de centrar, según Vicens Vives, en la marcha comparada de precios y salarios.
Según Hamilton los salarios se rezagaron detrás de los precios pero no
tanto como para producir ganancias extraordinarias. También Keynes
señaló el alza excesiva de los salarios hispanos (muy cerca del nivel de los
precios) como el responsable del retraso y freno al desarrollo del Capitalismo
en España en ese siglo.
Pero hay que volver a examinar los salarios reales de la gran
mayoría de los españoles - la gran masa agrícola -, pues los
índices salariales hispanos son una
abstracción, y si examinamos algunos de los salarios, como el de albañil, con
su correspondiente europeo, vemos una pérdida del poder adquisitivo de los
salarios españoles en un 40 %.
El error creemos está en considerar sólo los salarios industriales,
cuando la mayor parte de la población depende del agro, y que por tanto los
efectos inflacionistas han de medirse
en relación con la entidad y
disfrute de la renta de la tierra.
En teoría aquella coyuntura alcista debería haber favorecido al
agricultor, pero la estructura agraria castellana y la intervención de estamentos de la nobleza cuyo fin era sólo la especulación, junto con el
cambio jurídico del arrendamiento que
pasó a realizarse en la forma de censos al quitar, se crearon nuevas
explotaciones en baldíos para arrendarlas bajo cláusulas más restrictivas para
el cultivador arrendatario.
Los productos del campo se
desvalorizaron debido al
autoabastecimiento de las Indias, los intereses se hicieron difíciles de pagar
cuando algún año producía malas cosechas, disminuyendo también el número de
brazos, disminuyeron las cosechas por
efecto de la repercusión del alza de
precios – y no al revés – y cuando salía al mercado el cereal se encontraba con
la tasa. La tasa fue expresión de una política agraria basada en el principio de favorecer al consumidor, en detrimento del productor.
A partir de 1539 la tasa se instaura de forma permanente, obedeciendo a la
presión del proletariado urbano, que empezaba a formarse en las grandes
ciudades.
La tasa colocó al campesino en situación desventajosa respecto a
los restantes ramos productivos, en los
que vigía la libertad de precios. Esta situación se hizo insostenible al agrandarse el desequilibrio entre el rendimiento y los costos de la
producción agrícola. Esto causó absentismo de los agricultores y desvalorización del suelo, reducción del
área cultivada por efecto de la falta
de brazos, aparición del mercado negro y el hambre. Esto hizo que los precios
agrícolas a partir de 1570, y después de una cosecha pésima, los precios
agrícolas se dispararan, igualando o superando
a los industriales.
La sucesión de tasas, su modificación, la infracción de ella cuando la
oferta / demanda lo exigía por razones de extrema escasez en la producción hizo
que los precios cerealísticos más que subir uniformemente lo hicieran dando
saltos. Veamos los precios de algunos años y el baile de las Pragmáticas modificando las tasas:
PRAGMÁTICA
|
1502-12
|
1513-38
|
1539-57
|
1558
|
1566
|
1571
|
1582
|
1598
|
|
Observación
|
Tasa
|
Suspensión
de la tasa
|
Tasa
|
|
|
Oferta
demanda
|
|
|
|
TRIGO
|
3,23
|
Precios oferta/ demanda
|
7
|
9,11
|
7
|
11
|
14
|
14
|
|
CEBADA
|
1,75
|
3,5
|
4
|
5,5
|
5,5
|
6
|
7
|
|
|
CENTENO
|
2
|
4,7
|
5,88
|
5,88
|
5,88
|
8
|
8
|
|
|
AVENA
|
|
|
|
|
|
|
|
PRAGMÁTICA
|
1605-19
|
1619-27
|
1628-32
|
1632-1650
|
|
Observación
|
Tasa
obligatoria
|
Abolición
tasa para productor
|
Tasa
obligatoria
|
Abolición tasas para productores
|
|
TRIGO
|
18
|
18
|
18
|
18
|
|
CEBADA
|
9
|
9
|
9
|
9
|
|
CENTENO
|
8
|
8
|
8
|
8
|
|
AVENA
|
|
|
|
|
(precios en reales por fanega)
Por su parte, Enrique LLOPIS[10]
hace una corrección a Hamilton, de quien toma los datos de los índices
fundamentalmente, y basándose en otros datos, como los del Monasterio de
Sandoval, cuyos precios – sobre todo relativos al trigo - toma, a su vez, de
José Antonio SEBASTIAN AMARILLA. Esa corrección se centra en la utilización de métodos correctores o
deflactores al analizar la evolución de las variables. Y esto lo justifica,
creemos que con razón, basándose en que las series de Hamilton no son homogéneas
y en que además no hace una distinción entre productos básicos y no básicos. De
esta forma LLOPIS, siguiendo a MARTÍN ACEÑA, confecciona una cesta de la compra
integrada por once productos: trigo, cebada, carne de vaca, carne de carnero,
gallinas, congrio, queso, vino, aceite, velas de sebo y lienzo. Pero también se
fija en la estructura del gasto familiar de los distintos grupos sociales. Por lo tanto hay una
primera división importante que hace: cesta de la compra para los pudientes y
los no pudientes.
Aunque no estamos muy seguros de las correcciones que hace a PHELPS BROWN y HOPKINS sobre el precio de
la cebada, a quienes acusa de sobrevalorar ese precio, creemos que es muy
razonable adoptar esta corrección ya que
las cestas de los que poco pueden y los pudientes son diferentes cualitativamente.
El mismo LLOPIS está de acuerdo, por otra parte, en que los cereales, la carne y el vino suponían
una parte mayoritaria en el consumo tanto de unos como de otros, cifrándola en
78,9 por 100 para los que poco pueden y en un
62,5 por 100 para los pudientes.
Como no tenemos datos suficientes para hacer nuestras propias
correcciones sobre todo para el ámbito de la Castilla la Vieja Central (Tierra
de Campos y Montes Torozos), hemos de dar por buenas las correcciones que da
Llopis, incluyendo en la cesta de los “pobres”
23 artículos: trigo, cebada, centeno, garbanzos, carne de vaca, carne de
carnero, congrio, peces, truchas, sardinas, vino, manteca, aceite, velas de
sebo, huevos, queso, miel azafrán, almendras, naranjas, pasas, lienzos y jabón.
Ha tenido en cuenta la incidencia del consumo del centeno pues se consumía
mezclado con el pan (morcajo) en toda Castilla. Ha tenido en cuenta la importancia de los textiles también para
este grupo.
La cesta de los “pudientes”, que integra 30 artículos, está compuesta de
trigo, cebada, arroz, garbanzos, carne de vaca, cabrito, carne de carnero,
gallinas, congrio, peces, truchas, sardinas, vino, manteca, aceite, velas
amarillas, velas de sebo, huevos, queso, miel, azúcar, canela, clavos,
pimienta, azafrán, almendras, naranjas, pasas, lienzos y jabón. Aquí no se
considera el centeno, mientras la carne de carnero tiene más importancia.
A partir de ahí, hace unas ponderaciones de los índices de los precios en la zona noroccidental de
Castilla-León (en porcentajes).
Los datos estadísticos
descriptivos de las tasas de inflación son, así, distintos para “los que poco pueden” y los “pudientes”:
Así, la inflación acumulada en el
índice de los pobres (477,8 por 100) es superior a la del índice de los “ricos” (435,4 por 100). En tasas anuales
acumulativas, los precios aumentaron al 1,35 por 100 para los “que poco pueden”
y al 1,29 por 100 para los “pudientes”. Tal diferencial se debe al mayor peso
específico de los cereales en la cesta
de los pobres, dándose además la circunstancia de que se encarecieron entre
finales del primer cuarto del XVI y mediados del XVII. Mayor diferencia se da
aún en la volatilidad de la inflación:
entre 1518 y 1649, la desviación típica
del índice de los no pudientes es de 11,95 puntos porcentuales, y la de los
pudientes de sólo un 8, 46 puntos.
La volatilidad de los índices de todos los grupos
sociales alcanzó sus valores máximos al principio del período estudiado, entre
1518 y 1547.
Datos estadísticos
descriptivos de las tasas de inflación, según LLOPIS
|
|
Los “pobres”
|
“Pudientes
|
Noroeste Castilla-León
|
|
1518 - 1650
|
|||
|
Inflación acumulada
|
478,44
|
433,51
|
444,56
|
|
Tasa anual acumulativa
|
1,34
|
1,28
|
1,29
|
|
1518 - 1649
|
|||
|
Inflación acumulada
|
477,80
|
435,44
|
448,86
|
|
Tasa anual acumulativa
|
1,35
|
1,29
|
1,31
|
|
Tasa anual media
|
2,03
|
1,64
|
1,93
|
|
Desviación típica
|
11,95
|
8,46
|
11,35
|
|
Coeficiente de asimetría
|
0,56
|
0,14
|
0,45
|
|
Análisis de
volatilidad en la inflación por subperíodos
|
|||
|
1518 - 1570
|
15,09
|
10,02
|
13,90
|
|
1571 - 1649
|
9,37
|
7,30
|
9,37
|
|
1518 - 1599
|
12,71
|
8,84
|
11,72
|
|
1600 - 1649
|
10,63
|
7,84
|
10,79
|
También trata de la diferencias entre las series de
Castilla la Nueva y la del
noroeste de Castilla -León, llegando a
la conclusión de que hasta comienzos de
la segunda década del siglo XVII, dicho
diferencial es predominantemente
positivo, es decir los dos índices evolucionaron de forma paralela entre 1520 y
1610. En cambio el diferencial de los índices entre 1610 y 1650, aparece
dominado por los valores negativos, a la hora de examinar los componentes
tendenciales, tendiendo a aumentar las diferencias en valores absolutos. Lo que
da por resultado que las series de los
precios de las dos Castillas no estaban cointegradas en la primera mitad del siglo XVII.
Del análisis de
los diferentes índices se sacan algunas consecuencias:
-
La volatilidad de los precios fue
especialmente fuerte antes de 1570, lo que sugiere que el
crecimiento castellano de las siete
primeras décadas del XVI fue bastante inestable y estuvo sometido a
convulsiones, sobre todo en la parte meridional de la Meseta.
-
Los contrastes entre los precios
de Castilla la Nueva y la zona noroccidental de Castilla -
León tienden a aumentar en los primeros años del siglo XVII, debido,
quizás, a la degradación monetaria.
-
La mayor volatilidad de los
precios de artículos de primera
necesidad hizo que la capacidad
adquisitiva de los “que poco pueden” se
resintiese más que la de los “pudientes”.
En el Capítulo
de 1574 del MONASTERIO DE PALAZUELOS se habla de la subida
de precios: Se hace mención clara a la subida
de precios generalizada. Tomando como base 100 para el año 1504,
se observa una moderada elevación de los tributos durante el reinado de Carlos
V, correlativa al alza general de precios, o sea a la pérdida de valor de la
moneda. En 1562 el índice es de 160. Pero desde esa fecha hasta 1596 el índice
tributario sube vertiginosamente y
llega a alcanzar la cifra 537. No sabemos si los precios se dispararon tanto,
pero indudablemente subieron mucho:[11]
“& Gasto del
Capº: Ytem mandaron que el dicho capº que atento los
gastos que el padre Abbad
deste dho monasterio
a hecho en este tiempo del capº
que por razon de valer mas Las cosas de cada dia se diesse al dicho
padre Abbad cien ducados por la costa que se a
hecho”. [12]
En el Capítulo de 1578 del MONASTERIO
DE PALAZUELOS se aplican 1.600,000 mrs. para comprar cien cargas
de trigo a entregar en cuatro trienios. Sale la fanega a 29,41 rls., si
dividimos 400.000 entre 400 fanegas, con lo cual nos indica el precio a que se
pagaba el trigo.
“& Yten manda el Capº que se Repartan
este trienio y en otros
tres venideros Vn quento
y seysçientas mill mrs
para que de Ellos se Conpre
las cien cargas de trigo que estan
mandadas Comprar pª el
collegio de Alcala de manera que Cada
trienio se page quatro cientos
mill mrs. Con los quales se Acuda a la
persona que nrô Rmº
nombrara y se encarga a nrô Rmº
padre se emplee en lo suso dicho y no en otra cosa pues
para El dicho effecto se Conçeden y
no pª otro. Va entre renglones:
collegio de alcala / Vala. Se reuisa
la diffiniçion que habla
de las legitimas pª El dicho
Collegio y Remitese a nrô
Rmº padre general y a los padres
Consiliarios que se hallen los plazos en los quales se declare
que tanto sea de pagar cada año
de las dichas mrs.” [13]
El LIBRO DE CUENTAS DEL MONASTERIO DE PALAZUELOS (1568-1604)
por desgracia no ofrece datos sobre el precio de la Venta de Cereales
debido a que no se ajustaría a las estrictas tasas. A veces sí los cita de
pasada, sobre todo cuando tiene que comprar cereales para su Gasto o completar
la sementera. Pero la política normal que sigue un señorío mediano de unas 300
Hectáreas es la del pago de salarios con los mismos productos, ya que
estos aseguran una cantidad de abastecimiento independiente de los precios en
el mercado. Lo que ocurre es que nos vemos con la dificultad de cotejar el
tiempo trabajado, con lo cual es muy poco aconsejable hacer conjeturas sólo con
los salarios en especie, que sí nos ofrece de forma global para cada trabajador
o grupo de trabajadores o faenas agrícolas.
Por lo tanto cualquier cálculo sobre los salarios ha de
estar viciado de base en lo que se refiere al agro. Es sólo la productividad la
que es un indicador de la bonanza o de una buena o mala gestión de los modos de producción y de la misma
producción, teniendo en cuenta que la climatología jugaba un papel decisivo si
no se tenía una gran panera donde poder guardar para el año siguiente los excedentes.
En todo caso el Monasterio logró ser autosuficiente, con lo que pudo abrirse
paso en aquellas circunstancias de alza creciente de precios.
Pero como factor general, de 1580 a 1600 no sólo son los pequeños
campesinos y asalariados los que sufren el alza de precios, sino también el campesinado
medio, de forma que en 1600 la
situación de los grandes propietarios y arrendatarios se tornó muy difícil,
debido al alza de los salarios y a la tasa impuesta sobre el grano. Según las
cifras de Hamilton y sobre todo las
pragmáticas de Felipe III la situación era insostenible: “La agricultura de
las tierras se va perdiendo y
menoscabando respecto de averse subido
los precios de todas las cosas... particularmente por los abusivos salarios de los mozos de
labranza que solían llevar a 10 ducados y a 12 ducados cada
uno y agora que estan a quarenta y
dende arriua, asi la corta que son más
de 65 ó 70 ducados y ansi mismo el campo que también solian llevar
por cada dia a 2 rls y a 2,5 mantenidos
y agora no quieren para
labrar las viñas y segar los panes
menos de 6 y 7 reales para cada un dia sin la comida”.[14]
La razón de los altos salarios no estaba en la despoblación sino que, como constata YUN a partir de las
Actas del Ayuntamiento de Medina de
Rioseco (a 35 Km. del Monasterio de Palazuelos), “se a yntroducido una
costumbre muy mala y perniciosa y es
que los podadores e jornaleros vecinos desta villa
tienen heredades suyas propias o a renta
o las toman a destaxos y por los
yntereses que se les sigue
de laborearlas dos otres
oras antes que amanezca se
salen a trabajar a ellas”. [15]
Se da además otra circunstancia – complementaria del fenómeno anterior
- en el pequeño señorío del MONASTERIO
DE PALAZUELOS, y en general, de todos los Monasterios benedictinos bien
gestionados, y es que se convierten en sus propios gestores y labradores de las
tierras más cercanas: Parte de la tierra era trabajada por los mismos
“propietarios”, con lo que un coto pequeño pero fértil, como es el de la “Cosecha
de la Casa” del Monasterio de Palazuelos podía dar unos
resultados globales positivos, a pesar de la escasez de braceros, a quienes,
según los indicios que tenemos, aunque no series completas de salarios, no les
llegó la revolución de los precios.
El encarecimiento de los costes de producción no benefició tampoco al
asalariado, sino que más bien les perjudicó, pues muchos propietarios preferían
dejar de coger los frutos porque “valiendo la carga de trigo como al
presente vale no mas de 24 rls.
y un jornalero... tiene ... que segarle en un dia y dello
a de llevar casi la mitad para su jornal e para la otra mitad
restantes que de la corta de
abarbechar o sembrar las tierras y
estercolar y pagar el diezmo... no le queda nada al labrador, antes hecha la
cuenta viene a poner hacienda de su
casa y este año, siendo abundante la
vendra de costa mas de cuarenta reales la carga de trigo”. [16]
El fenómeno que se desencadenará enseguida es el de dar a renta o en
censo pequeñas parcelas, con lo que las posibilidades de reinversión de los
beneficios quedan coartadas.[17]
La producción de la “Cosecha de la Casa”, es decir de las tierras que labra el Monasterio
directamente es de 68 cargas de trigo;
la de cebada es de 62 cargas y la de centeno de 11.5 cargas. Por lo tanto toda
cifra en el total de cereales de la Casa inferior a 140 cargas
estará por debajo de su producción anual media, siendo de
destacar como muy por encima de esta
cifra los años 1574, 1598, 1599, 1600,1601 1602 y 1603, siendo la de 1604 muy
baja. En cambio, muy por debajo de esta cifra tenemos los años 1581, 1582,
1583, 1584, 1586, 1590, 1593 y 1604, siendo especialmente baja en 1581, 1582,
1593 y 1604.
Con respecto a la producción total oscila mucho la
proporción aportada por la cosecha de casa representando desde casi sólo una
décima parte algunos años a más de la mitad en otros, y esto no sólo al
comienzo del período sino también al final de él. En algunos casos la baja
cosecha de “la casa” puede se explique por la necesidad de dejar en barbecho
las tierras. Pero la media de la recolección total de cereales del Monasterio
se sitúa en 434 cargas anuales.
Las cifras de producción media total baja
de Cereales (Trigo, Cebada, y Centeno), cuya media es de 434 cargas, se sitúan en los años 1575 al 1578,
del 1581 a 1584; también son bajas del 1591 a 1598
(exceptuándose 1590 y 1592). Del 1600 al 1604 se alternan los
años aceptables con los malos, siendo la de 1604 realmente mala.
Las cosechas de 1589 y 1591 son algo bajas también. La producción de trigo es baja en el 75, 82, 93, 95 y 96, y la de cebada
es baja en el 91 y 93.
Ventas de cereales
se producen todos los años, lo cual da idea de que, al menos, el Monasterio no
tuvo que adquirir cantidades para su consumo.
La media anual del número de Cereales vendidos por el
Monasterio es de 53,25 cargas anuales para el trigo, 73,04
cargas para la cebada y 18,05 para el Centeno, situándose la
media de la venta total de Cereales en 434 cargas anuales.
Las oscilaciones son, sin
embargo, muy grandes de año a año,
siendo las ventas de trigo muy bajas en
los años 75, 77, 80, 85, 93, 96. Respecto a la cebada, también las ventas son
bajas en el 85, 91, 93, 97 y 1601.
Como no siempre las bajas
ventas (años 1575, 1577, 1593, 1595 y
1601) coinciden con los años de peor producción hay que suponer que el
Monasterio en determinados años dedica cierta cantidad a operaciones invisibles
de trueque en pago por adquisiciones, aunque no se nos dice expresamente. Así,
en 1601 hay buena producción de trigo y cebada, pero en cambio las ventas son
bajas.
En los años 74, 84, 86, 87 y 88 se dan altas
cotas de producción que se reflejan también en subida en la cuantía de las
ventas.
Años de ventas muy cortas son los
Ejercicios de 1569, 1570 y 1571, 1575 y 1577, 1580, 1585, 1591 y 1593 (en este último
sólo se venden 30 cargas en total de Cereal), 1596, 1597, 1598, 1600, 1601 y
1604.
[1] Cit. por A. RAMON: La Orden Benedictina, cap. IV, pag. 197. Citado a su vez por
Herrera en CISTERCIUM: En torno a Martin
de Vargas.... CISTERCIUM, 1975).
[2] SUAREZ FERNANDEZ, L.: Historia del reino de Juan I de Castilla.
Madrid, 1977, p. 48.
[3] Tomamos de SUAREZ FERNANDEZ también las
referencias para otros monasterios (op. Cit., págs. 307-332).
El texto arriba trascrito se repite en una actividad
frenética de los copistas desde el 22 al 28 de diciembre de 1380 para ordenar la devolución de numerosas
encomiendas, cambiando el texto sólo según las necesidades los nombres
concretos de personas y lugares.
Es notable el número de encomiendas suprimidas, lo
que lleva a pensar en una generalización de esta forma de rapiña que, a veces,
había sido acordada, de buena o mala gana, con algún abad previo. No tenemos
noticia, de momento, de encomiendas en la zona de Valladolid para esta época.
Pero hay documentación de encomiendas usurpadas al Monasterio de Oña (A.H.N.
Clero, Carp. 315, fol. 5 y 315, nº 7; supresión de las encomiendas usurpadas al
Monasterio de Covarrubias (Serrano, L: Cartulario
de Covarrubias, págs. 254-257); las usurpadas al Monasterio de Cardeña (Berganza,
Francisco: Antigüedades y cosas
memorables de España, tomo II, Madrid, 1721, págs. 210-212); las usurpadas
al Monasterio de Santa María de Rioseco (A.H.N. Clero. Carpeta 358, nº 4); las
usurpadas al Monasterio de Sahagún (A.H.N. Clero. Carpeta 938, nº 16 y nº 17);
las usurpadas por el duque de Benavente al Monasterio de Carvajal (A.H.N.
Clero. 830, nº 8) y a San Marcos de León (A.H.N. Clero. San Marcos de León,
R-83); las usurpadas por don Pedro, conde de Trastamara y pertiguero mayor de Santiago, al
Monasterio de Sobrado (A.H.N. Clero. Carpeta 548, nº 18); las usurpadas por
Pedro Fernández de Velasco, camarero mayor, al Monasterio de Silos (A.H.N.
Clero. Carpeta 376, fol.9), así como las usurpadas a mismo monasterio por Juan
Rodríguez de Castañeda; las usurpadas al Monasterio de San Pedro de Arlanza por
Pedro Fernández de Velasco (A.H.N. Clero. Carpeta 372, nº 3); las usurpadas por
el mismo Pedro Fernández de Velasco a Santo Toribio de Liébana (A.H.N. Clero.
Carpeta 1920, nº 10); las tomadas al Monasterio de Osera por el conde Don Pedro
de Trastamara, pertiguero mayor en tierra de Santiago, y por Pedro Sarmiento,
adelantado mayor de Galicia y otros
altos nobles de Galicia ( A.H.N. Clero, Libro de los privilegios de Oseras,
fols. 124v.-126v., Sección de Sellos, caja 23, nº 25); las usurpadas por Pedro
Ruiz Sarmiento, adelantado mayor de Galicia, a San Clodio de Ribadavia (A.H.N.
Registro de escrituras de San Clodio de Ribadavia, fol. 28r.); las usurpadas al
Monasterio de Santa María de Armenteira (A.H.N. Clero. Carpeta 1773, nº 9); las
tomadas al Monasterio de Celanova por Pedro Ruiz Sarmiento y otros
(A.H.N.Clero. Carpeta 1434, nº 7), citado por Santos Diez, José Luis: La
encomienda de monasterios en la Corona de Castilla, Roma- Madrid 1961, págs, 206-209);
las usurpadas al Monasterio de San Millán por Pedro González de Mendoza y otros
(B.N. mss. 5790, fol. 98v.); las usurpadas a San Esteban de Ribas de Sil por el
conde de Trastamara y Juan Pérez de Nova (A.H.N. Clero. 1562, nº 9); las
usurpadas al Monasterio de Cañas por Pedro Fernández de Velasco (A.H.N. Clero.
Carpeta 1025, nº 23); las usurpadas al Monasterio de San Julián de Samos por el
conde de Trastamara y otros (A.H.N. Clero. Carpeta 1261, nº 21); las usurpadas
al Monasterio de Meira (A.H.N. Clero. Carpeta 1152, nº 4), también por el conde
de Trastamara y otros; las usurpadas por Vasco Gómez de Sejas al Monasterio de
Ferreira (A.H.N. Clero. Carpeta 1103, fol.6); las usurpadas al Monasterio de La
Vid por Juan González de Avellaneda (A.H.N. Clero. Carpeta 384,nº 2) y muchas
más que sería prolijo de enumerar.
[4] Esta situación general, tuvo sus
excepciones, sin embargo. (Lorenzo Herrera: En
torno a Martin de Vargas y la
Congregación de Castilla, pgs. 283-5. CISTERCIUM, 1975).
Ver también: La
Reforma de la encomienda eclesiástica en el concilio de Trento. CISTERCIUM 1962
[5] A.H.N. Clero. Cod. 85 B, fol.109 r.
-114 r. Citado por PEREZ-EMBID WAMBA, Javier: El Cister en Castilla y León,
s. XII – XIV.Madrid, 1986, págs.
666 ss.
[6] VICENS VIVES: “Manual de Historia
económica de España”, Barcelona, 3ª ed., 1964. También: HISTORIA DE
ESPAÑA Y AMERICA, 5 vols., Barcelona, 1957-9.
[7] Ver también: NADAL OLLER, J.: La revolución de los
precios españoles en el siglo XVI, HISPANIA XIX (1959), pgs. 503-529).
[8] Pasaje citado en la obra de
Marjorie GRICE-HUTCHINSON: “The School of Salamanca. Readings in Spanish
Monetary Theory, 1544-1605”, Oxford, 1952, pgs. 91-96.
[9] ELLIOT, John H.: La
España Imperial, 1469-1716, Londres 1963, Madrid 2006, pgs. 192-212.
[10] Véase su artículo
“Índices de precios de la zona noroccidental de Castilla-León, 1518-1650”,
REVISTA DE HISTORIA ECONÓMICA, XVIII, 3, pgs.. 665-684, AÑO 2000.
[11] Cifras tomadas de Jose Mª Larraz en su
libro “La época del mercantilismo en Castilla”, 1943, pg. 108.
[12] A.H.N. Sección Clero. Palazuelos. Libro
16521, fols. 42 v. Conf.:A.H.N. Sección Clero. Palazuelos. Libro 16536, pgs. 31
b – 33.
[13] A.H.N. Sección Clero. Palazuelos. Libro
16521, fol. 62 r.
[14] Orden de Felipe III al ayuntamiento de
Medina de Rioseco (Libros de Acuerdos, 23 de febrero de 1603). Archivo
Histórico Municipal de Medina de Rioseco (A.H.M.M.R.).
[15] Libros de Acuerdos, 23 de febrero de
1603). Archivo Histórico Municipal de Medina de Rioseco (A.H.M.M.R.). Citado
por YUN, Bartolomé en su obra Sobre la transición al Capitalismo..., pg.
402.
[16] Del mismo texto de la Pragmática de
1603, citada arriba.
[17] YUN, Bartolomé en su obra Sobre la
transición al Capitalismo..., pg. 404
ss.
No hay comentarios:
Publicar un comentario